Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb o ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (versión traducida) es una de las mejores películas políticas de la historia. No ganó el Oscar ese año, sino que lo hizo una superproducción hollywoodiense de un musical (My Fair Lady, 1964), un ejemplo claro de que el escapismo siempre estuvo por encima de un cine crítico y reflexivo. Kubrick sabía esto y por ello siempre fue ajeno a la academia y su aparato mediático, le importó hacer buen cine, el mejor posible, y serían sus películas las que hablarían por él
En octubre de 1962 se producía uno de los momentos más tensos de la Guerra Fría: la Crisis de los Misiles de Cuba. La amenaza nuclear era constante, y era usada como arma política entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Kubrick quiso retratar este sinsentido, y la única forma de hacerlo era a través de la comedia y la sátira. Nadie es capaz de comprender el daño que puede hacer una bomba nuclear, nuestra capacidad de imaginación tiene límites, y la destrucción que lleva esta es abismal. Aún así, unos políticos jugaban con ella desde sus despachos, y alentaban en la población el miedo hacia el enemigo. El estadounidense capitalista odiaba con toda su alma al ruso comunista, y viceversa. Lo que hace Kubrick es llevar esta realidad hasta la exageración, así es como logra hacer visible el trasfondo real de lo que estaba ocurriendo y conseguir advertir de lo que podía ocurrir.

La trama comienza cuando un general estadounidense, Jack D.Ripper (referencia a Jack el destripador), decide lanzar una orden de ataque nuclear contra la URSS. Estaba obsesionado con una conspiración comunista para contaminar los “fluidos corporales” de los estadounidenses. Mientras, en el Pentágono, el presidente Merkin Muffley (referencia al sexo femenino), el general Buck Turgidson (referencia a la masculinidad), y el doctor Strangelove (amor extraño) discuten sobre cómo frenar el ataque. Además ha surgido un nuevo problema, pues la URSS ha construido la “máquina del Juicio Final”, un sistema automático que, en el caso de recibir un ataque nuclear, responde con muchos más ataques iguales provocando de esta manera el fin del mundo.
En este ambiente bélico está muy presente el lenguaje orwelliano de la contradicción como “la guerra es la paz”. En la película se observa a través de un cartel en la base militar que pone “Peace is our profession”; o en la contraseña del general Turgidson para desactivar la orden, la cual es “POE”, y hay dudas si es “Power of essence” o “Peace on earth”. Esto es algo absurdo, incluso satírico (de ahí la decisión de Kubrick) pero en realidad es la base de la diplomacia del siglo XX y, sobre todo, de la actualidad.( Para evitar futuras guerras hemos decidido que la única solución es invertir más dinero en armamento, y hay un generalizado consenso ante ello).

Dr.Strangelove significa “Amor extraño”, haciendo referencia a la tendencia del ser humano hacia el conflicto y el enfrentamiento. Esto se encarna en personajes como Jack D Ripper, Turgidson y obviamente, el propio Dr.Strangelove. Estos dos primeros evocan la idea de la disciplina, el coraje, el sacrificio, etc. de un punto de vista tradicional, al que relacionamos con la “masculinidad”. En cambio, el presidente Merkin Muffley es todo lo contrario, este es mucho más racional, moderado, bienintencionado… pero es impotente ante el caos que le rodea; representaría la “feminidad”. Aquí se encuentran dos contrastes que están presentes en la política. Los primeros manifiestan el poder sin control civil (Turgidson) o la lógica instrumentalista y banal de la guerra (Jack D Ripper); en cambio Merkin Muffley es la cara de una diplomacia basada en la justicia y el bien común. Por último, el Dr.Strangelove retrata la presencia de una inclinación por una supremacía racial, que ha irrumpido en la política y que continúa desde el nazismo (este personaje es alemán y a final de la película se le escapan saludos nazis), como se da en el caso de la deshumanización ante el enemigo, el otro, el que es inferior.

A estos dos tipos de visiones y comportamientos debe añadirse un tercer factor: la técnica. Aquí esta se concreta en la bomba nuclear. Las dos posiciones se enfrentan ante una posible guerra nuclear y actúan de una determinada forma. El problema es que están jugando con eso mismo: una bomba nuclear. El filósofo y antropólogo alemán Günther Anders explica en su obra “La obsolescencia del hombre” como esta no puede considerarse como un medio, sino que es un fin en sí mismo. Es decir, lo que puede desembocar es tan abismal que ya es por sí misma un caso aislado, para nada puede entenderse como un medio político disuasorio o bélico. Este autor continúa explicando que tras el avance de la técnica se ha producido una ruptura en su comprensión, a esto lo llamará “desnivel prometeico”. Nosotros como individuos somos capaces de comprender y empatizar con la muerte de un determinado número de personas, pero cuando este número se convierte en miles, decenas de miles, o cientos de miles de personas, en realidad, no sentimos nada, no somos capaces de comprenderlo. Esta problemática se observa claramente al final, cuando el general Turgidson le quita importancia al asunto diciendo que morirían “solo unas 20 millones de personas si se actúa rápido» ; o cuando el presidente de Estados Unidos y el de la URSS discuten como si fueran una pareja sobre quién de los dos sentía más lo que estaba pasando. Este ambiente cómico realza la impotencia ante la incomprensión de las consecuencias reales. Al principio de los 60’s ocurría esto mismo bajo las premisas de “defenderse contra el enemigo” ante la supuesta “amenaza comunista”. Este enfrentamiento entre dos naciones imperialistas con dos modelos antagónicos estaba tanteando, literalmente, con la absoluta destrucción. Y esta posibilidad se había generalizado en toda la población, sin ser realmente conscientes del verdadero final. Lo que hace Kubrick con esta película es advertir y destapar la realidad de ese momento histórico.
Como se ha dicho al inicio, esta es una de las mejores películas políticas de la historia. Una de las razones es que consigue desentrañar a la perfección los síntomas de un momento histórico particular (la guerra fría) y también universal (la modernidad). Es una película que se puede ver hoy en día y extrapolar a la actualidad, es decir, es atemporal. Seguimos teniendo a los generales Turgidson y Jack D Ripper, encarnados en políticos como Trump, Putin, Netanyahu o Milei. O a Dres.Strangelove, obsesionados con la técnica y partidarios de un suprematismo, como Elon Musk. Y un tipo de diplomacia racional y justa, pero a la vez inútil e impotente, como la de Merkin Muffley reencarnada en instituciones como la ONU. Cada vez avanzamos más en cuestiones como la técnica (armamento militar, inteligencia artificial) pero nos estancamos o incluso retrocedemos en cuestiones diplomáticas, morales o políticas. Nunca habíamos estado en un mundo tan tecnológico y a la vez tan ignorante, y es gracias a películas como esta que podemos concienciarnos ante este desafío.




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