Aisha can’t fly away (2025): Un retrato crudo y humano de la persona migrante

Murad Mustafa triunfa en su primer largometraje: es nominado a Un Certain Regard y gana la Palmera de Oro de la Mostra de 2025

No es la primera vez que Murad habla de una migrante sudanesa en su cine. En su primer cortometraje Ward’s Henna Party (2020) contó la historia de una madre soltera pintora de henna, y en 2023 en I Promise You Paradise a través del drama de un adolescente sudanés. Ambas películas cuentan con un estilo único y arriesgado, pero para nada comparable con su nuevo largometraje.

La crítica Aisha can’t fly away ha sido muy dispar, algunos han opinado que es pretenciosa, lenta, o incluso aburrida. Mientras que otros, que han entrado en el juego de Murad, les ha parecido una maravilla. Puede parecer mundana o banal, excepto por las pinceladas de realismo mágico, pero es que la vida de una persona migrante es así. Chantal Akerman expuso la rutina de la mujer en Jeanne Dielman, 23 Commerce Quay, 1080 Bruxelles (1975), Murad Mustafa ha hecho algo parecido siguiendo el día a día de Aisha. Esta es una mujer sometida a la angustia de sus obligaciones y sus circunstancias. Esta sensación se transmite a través de esos planos largos y reflexivos, que con una fotografía excelente, hacen del espectador un testigo de la vida del migrante que quiere ganarse la vida. Además la historia cuestiona al espectador, las cosas no están claras, no son ni blancas ni negras, sino más bien grises, como la vida misma. Estas son algunas de las razones por las que esta película estuvo nominada a Un Certain Regard y ha ganado la Palmera de Oro de La Mostra 2025, y hacen de Murad Mustafa un director con un grandísimo talento.

Entrevista al director Murad Mustafa y a la productora Sawsan Yusuf durante La Mostra 2025:

Para comenzar, ¿podríais explicar brevemente de qué trata la película para quienes aún no la han visto?

Murad Mustafa: La película trata sobre Aisha, una mujer migrante africana de 25 años. Vive en el barrio de Ain-Shams y trabaja ofreciendo atención médica a personas mayores, visitando cada día distintas casas. Aisha está atrapada en una relación con un chico egipcio y, además, se ve involucrada con un gánster que controla el vecindario. Se encuentra en medio de este triángulo: la presión de su entorno, su trabajo, sus pesadillas y su relación.
Durante todo este proceso empieza a tener sueños inquietantes y aparece para ella un avestruz imaginario. Poco a poco, la película se sumerge en el realismo mágico.

Has hecho cuatro cortometrajes y este es tu primer largometraje. En tus obras suelen aparecer como protagonistas mujeres, madres solteras o inmigrantes sudanesas. ¿Por qué te interesan estos temas?

Murad Mustafa : Soy hijo único y me crio solo mi madre. Siempre estuve muy ligado a las historias que ella me contaba y aprendí a ver el mundo a través de sus ojos. Por eso conecto con este tipo de personajes y continúo trabajando con historias relacionadas con ella.

Me gusta mucho el personaje de Aisha. Creo que no la victimizas ni caes en clichés: es fuerte y compleja. ¿Dónde encontraste la inspiración para crearla y cómo la describirías?

Murad Mustafa: Quería continuar lo que había empezado en mis cortos sobre personajes migrantes africanos. La inspiración llegó cuando vi a una niña migrante africana en un autobús de El Cairo: dormía profundamente y, de repente, despertó gritando y llorando. Desde entonces empecé a pensar en Aisha, en sus sueños, sus pesadillas y su vida en la ciudad.

Sawsan Yusuf: Aisha es muy silenciosa, pero por dentro lleva una gran multitud de emociones. Lo guarda todo hasta que llega un momento en el que ya no puede más, y eso se manifiesta en sus pesadillas y en la aparición del avestruz imaginario.
Es un personaje fuerte, pero no es ni “blanca” ni “negra”: tiene matices, puede ser muy buena y también muy dura. A veces es usada por la gente, pero también puede usarlos a ellos.
Murad insistió desde el principio en que no fuese un personaje pasivo o débil, porque eso le quitaría su narrativa. Aisha, en una palabra, es una luchadora.

En la película no hay mucho diálogo, pero las imágenes hablan por sí solas. ¿Por qué decidiste contar la historia de esa manera?

Murad Mustafa: Creo que en el cine “menos es más”. Si hay menos diálogo, la imagen adquiere más fuerza en pantalla. Me encanta narrar visualmente: no a través del diálogo, sino de las emociones que transmiten las imágenes. Ya había trabajado así en mis cortos y quise continuar en mi primer largometraje.

¿Podrías hablarme de tus influencias cinematográficas?

Murad Mustafa:
Por supuesto. Me inspira mucho Youssef Chahine, uno de los directores más importantes de Egipto y del mundo árabe.
A nivel internacional admiro a los hermanos Dardenne, a Pedro Costa —especialmente por su manera de retratar a los migrantes en Portugal y su tratamiento del color— y también a Lars von Trier.

Para terminar, ¿estás trabajando en un nuevo proyecto?

Murad Mustafa: Sí, estamos comenzando un nuevo proyecto titulado Animals, también dentro del género. Lo presentamos este año en Lacarno, hace apenas un mes.

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