Autor: Pablo Gabarda Ferrer

  • The flying meatball maker (2025): Volar como forma de liberarse de las cadenas del Estado y de la cultura

    The flying meatball maker (2025): Volar como forma de liberarse de las cadenas del Estado y de la cultura


    El director Rezan Yeşilbaş ficciona la historia de un kurdo de Diyarbakir cuyo sueño es volar pese a los obstáculos en su largometraje The flying meatball maker.

    Según he leído, la historia se basa en hechos reales, ¿verdad? ¿Cómo encontraste esta historia y por qué decidiste hacer una película sobre ella?

    Rezan: Pues la primera vez que oí hablar de ella estaba navegando por Twitter y vi al personaje real. Empecé a pensar en el tema del vuelo y los kurdos, ¿sabes? Más tarde fui a Diyarbakir, conocí al protagonista real, hablamos sobre la película… pero dejé claro que no quería hacer una biografía. Lo que me interesaba era tomar esa idea y convertirla en otra historia. Al final es totalmente ficción.

    Una pregunta para Selin: creo que tu personaje representa muy bien la esencia de la película. Ama profundamente a Kadir, realmente le importa, pero al mismo tiempo encarna una mirada más conservadora y tradicional de la cultura. ¿Cómo describirías a tu personaje y qué piensa ella de de Kadir?

    Selin: Creo que ella está realmente enamorada de Kadir, de su marido. Está atrapada en ese amor y también en las maldiciones generacionales, en la tradición, en las rutinas diarias… está atrapada en todo, en medio de todo. Pero, como muchas mujeres en Turquía y en Diyarbakir, intenta encontrar una salida.

    Ella ama a su familia, viene de un entorno muy tradicional y, al final, todo el mundo quiere continuar con sus costumbres. Así que vive en ese caos, pero aun así puede manejarlo. Es suave, encantadora y no tiene miedo, porque su único objetivo es mantener unida a la familia: a su marido, a sus hijos…

    También es muy curiosa y, a veces, incluso un poco celosa. Es un personaje aparentemente simple, pero muy complejo por dentro. Fue bonito interpretarla y descubrir todos sus matices.

    También me llamó la atención que Kadir hable en algunos momentos de Sigmund Freud y del subconsciente. ¿Hasta qué punto su intento de volar es una forma de liberarse del Estado, de la tradición o de una cultura que quizás lo reprime?

    Rezan: Sí. A veces descubres cosas nuevas, gente nueva… y empiezas a cambiar. Ese es el caso de Kadir. Conoce a Freud, a Nietzsche, El mundo de Sofía… y empieza un proceso de cambio. Después de ese cambio surge su deseo de volar.
    Para él es un mundo nuevo: nuevas ideas, una nueva perspectiva. El personaje busca en los filósofos, pero su viaje apenas comienza; no está terminado.

    Has mencionado también a Nietzsche, y en la película aparece una frase muy interesante: “No vueles; si quieres volar, primero aprende a volar”. Él tiene muchas dificultades, pero sigue intentándolo. Incluso recuerda un poco al mito de Ícaro: todos le advierten, pero él insiste. ¿Por qué?

    Rezan: Porque una vez que te sientes libre, quieres seguir volando. En todas las personas hay un momento así: si experimentas la libertad, sigues intentándolo.

    Selin: Si tienes paciencia, puedes probarlo todo. Si no tienes límites ni miedos, puedes seguir tu camino. Si eres una persona apasionada, lo intentas.
    Kadir es así: un hombre paciente, lo cual es bastante raro en esa región.

    Rezan: Y, al final, todos queremos volar de alguna manera. Él, el director, quiere volar grabando una nueva película; yo quiero volar buscando nuevos papeles… Es una metáfora que nos toca a todos.

    Para ir terminando, quería preguntarte por tus influencias cinematográficas. ¿Qué cine te ha marcado?

    Rezan: Kurosawa. Me encanta Kurosawa y también los hermanos Dardenne. Y un director más reciente: Iñárritu, sobre todo su primera película, Amores perros, que para mí es excelente.
    Pero, por encima de todos, diría que el gran director es Kurosawa: es tradicional y, al mismo tiempo, completamente universal.
    En Turquía, Yılmaz Güney es muy importante, un gran director kurdo. Y también Zeki Demirkubuz, que para mí es un director magnífico.

    Última pregunta: ¿estáis trabajando en nuevos proyectos y podéis contarnos algo?

    Rezan: Sí. Hemos comenzado un nuevo proyecto y estamos en fase de financiación. El primer borrador del guion ya está terminado y trabajamos con un productor alemán. No sé cuándo se rodará. A mí me gustaría grabar todos los años (ríe).
    Selin: Y yo estoy buscando un nuevo papel… ojalá para Paul Thomas Anderson. A ver qué pasa. (ríe)

    Muchas gracias.


    Rezan: Gracias.


    Selin: Gracias de verdad.

    Entrevista completa:

    https://studio.youtube.com/video/w8onDhxqMFw/edit

  • Still playing (2025): Palestina a través de los videojuegos

    Still playing (2025): Palestina a través de los videojuegos

    Mohamed Mesbah narra la historia de Rasheed Abueideh, un desarrollador de videojuegos de Cisjodania, en su primer documental Still playing.

    ¿Y cuáles fueron tus primeras impresiones de Cisjordania?
    ¿Tuviste dificultades para rodar el documental?

    Mohamed Mesbah: No es fácil entrar en una zona de guerra para grabar. Tienes que pasar la seguridad del aeropuerto, y ya desde ese momento todo es tenso. Mientras rodábamos hubo muchos enfrentamientos entre el ejército y la población. Tuve un equipo palestino que me ayudó muchísimo: agradezco a Ibrahim, el director de fotografía, y a Ahmed, nuestro fixer. Gracias a ellos pudimos hacerlo.

    Tengo también una pregunta para Rasheed:
    ¿por qué decidiste hablar de Palestina a través de los videojuegos?

    Rasheed: Creo que, como dijo Mohamed, en los videojuegos hemos visto mucha deshumanización de árabes y musulmanes.
    En los medios occidentales ocurre lo mismo con los palestinos.
    Y para el público joven, los videojuegos son un medio muy influyente. En un videojuego, cuando alguien juega, se convierte en el héroe: toma decisiones, actúa, vive la historia. Eso genera una experiencia más profunda que solo ver un relato desde fuera.
    Si hablas con alguien que juega, siempre dice: “yo hice esto en el juego”, porque es parte de la historia. En cambio, cuando solo ves una película eres un observador. Esa diferencia es fundamental.

    Y como sé crear juegos, entendí que era una forma de llegar a una audiencia que está fuera de los medios dominantes,
    una audiencia que no sigue la narrativa que suele ser contraria a los palestinos. Los videojuegos me permiten abrir una pequeña ventana para hablar con esos jugadores y tener un impacto real con una historia emotiva y conmovedora.

    El documental habla sobre Liyla and the Shadows of War,
    Pero también vi que estás haciendo otro juego llamado Dreams on a Pillow. ¿Podrías explicar de qué tratan ambos?

    Rasheed: Liyla and the Shadows of War lo hice como respuesta a los ataques contra Gaza en 2014.
    Sigue a una niña, su madre, y especialmente a un padre que solo intenta sobrevivir. Está inspirado en hechos reales de esos ataques. Es un juego corto, pero muestra lo duro que es sobrevivir
    y el impacto que la guerra tiene en los civiles, especialmente en los niños.

    En Dreams on a Pillow quería hablar de algo más profundo.
    Los ataques de 2014, y los que estamos viendo ahora, se repiten una y otra vez. Quería hablar de la causa raíz de por qué esto continúa. Esa causa raíz es la Nakba: la limpieza étnica de los palestinos en 1948, la destrucción de más de 500 pueblos y el desplazamiento forzado de más de 750.000 personas. En el juego seguimos a una mujer que intenta huir de su ciudad y salvar a su hijo, pero al ser expulsada, por error lleva una almohada en lugar de él. Seguimos su viaje y arrojamos luz sobre el sufrimiento palestino desde la Nakba. “Catástrofe” es su traducción, y es realmente eso.

    ¿Y cómo puede ayudar la gente a financiar el videojuego?

    Rasheed: Vamos a lanzar una campaña de financiación colectiva en unos meses. Estamos preparando materiales y recursos para mostrar nuestro trabajo. Se puede entrar en dreamsonapillow.com para ver todo lo que estamos haciendo y apoyarnos.

    Tengo una pregunta para Mohamed. El documental está filmado con una mirada muy cálida, muy tranquila, muy íntima sobre la vida de Rasheed. ¿Por qué querías mostrar su historia de esa manera?

    Mohamed Mesbah: Creo que filmo lo que tengo frente a la cámara. Intento contar la historia de la manera más honesta posible. Como documentalista, me enfoco mucho en la relación con el personaje, en crear un ambiente donde pueda expresarse.
    Me gustan las películas documentales que crean un vínculo emocional fuerte entre el personaje y el cineasta, y entre el personaje y el público. Por eso abordé esta película de forma íntima, delicada, es lo que la historia pedía.

    Y una pregunta para Rasheed. Hay un momento muy importante del documental en el que te preguntan:“¿Qué es una vida normal?” Y respondes: “No lo sé, dímelo tú”. Creo que es una pregunta fundamental para el espectador. ¿qué es una vida normal para un palestino en Cisjordania?

    Rasheed: Creo que una vida normal sería simplemente vivir con libertad y dignidad, en una Palestina libre. Eso es una vida normal.

    Y para terminar, hoy en día vemos muchas más películas palestinas, como No Other Land o The Voice of Hind Rajab.
    Y ahora Still Playing, y videojuegos como los tuyos.
    ¿Por qué creéis que es importante hablar de Palestina en estas áreas?

    Rasheed: Creo que es fundamental, porque todos necesitan entender qué está pasando. Lo que estamos presenciando ahora es indescriptible. Es un genocidio en tiempo real.
    Hay que hablar de ello y encontrar maneras de compartir el mensaje. Los medios dominantes imponen una narrativa,
    y como creadores independientes tenemos la responsabilidad de superarla, de mantener nuestras voces vivas a pesar de la censura, los algoritmos y las barreras. Las grandes empresas no suelen apoyar estas historias; muchas veces las consideran un riesgo.

    Así que es nuestro deber crear conciencia y ayudar al público a entender lo que ocurre y cómo puede apoyar o ayudar.

    Mohamed Mesbah: Por supuesto, es muy importante mostrar Palestina en las películas, especialmente hoy, por el genocidio, la limpieza étnica y la brutalidad inmensa que estamos viendo.
    Pero también es importante mostrar Palestina en todos sus aspectos: mostrar a los palestinos con dignidad, respeto y humanidad; mostrar la diversidad de la vida cotidiana, incluso en medio de la guerra.

    Hoy, hacer una película en Palestina es un acto de resistencia.
    Para mí es esencial escuchar realmente lo que los palestinos tienen que decir y hacer que su voz se escuche, sin proyectar nuestra visión externa sobre lo que creemos que es la realidad.


    Entrevista completa:

  • No man is an island (2025): la responsabilidad moral de escuchar al que sufre

    No man is an island (2025): la responsabilidad moral de escuchar al que sufre


    Khalil Cherti continúa con la historia de su anterior cortometraje a través de una pareja de refugiados en Francia con dificultades para construir su vida

    ¿Puedes explicar un poco de qué trata el corto para la gente que no lo ha visto?

    Trata de una pareja de Siria que vive en Francia y han llegado a Francia hace muchos años, entonces no tienen problemas de inmigración recientes. Pero durante la película vamos a ver que el hombre tiene como un post-trauma porque ha vivido cosas muy duras en su país, y ahora estas cosas son como fantasmas en su vida. Y su mujer está tratando con él de tener una familia protegida, en un clima cariñoso, y vamos a ver lo que pasa con esta familia.

    Tu anterior corto se llama T’embrasser sur le miel, y habla también de una pareja, pero durante la guerra de Siria. Este también es sobre otra pareja siria, pero ya cuando ha migrado. ¿Es una continuación del anterior corto?

    Es una buena pregunta, gracias, porque sí hay una continuación. No solamente cronológica, entre ser en Siria durante la guerra y después ser en Francia tras la guerra hay otra continuación: tratar de hablar de la situación, pero de otra manera que la general.
    En mi primer corto, la pareja trataba de comunicarse con vídeos, pero no eran vídeos del cotidiano o de la guerra: estaban inventando pequeños espectáculos.
    Y ahora, en esta película, estamos en Francia, pero no es una película sobre la inmigración. Es una película sobre la intimidad de esta pareja. Para mí era una manera de hablar de este tema sin la guerra o algo que pusiera distancia entre el espectador y la familia. Yo quería que pudiéramos reconocernos en esta familia y en sus problemas.

    El título del corto es No Man’s Land, es un poema de John Donne. ¿por qué has querido acercarte a esta historia a través de este poema?

    Para mí este poema… cómo puedo decir… La poesía siempre dice las cosas de una manera intensa. En este poema habla de que no preguntes por quién pueden pasar las desgracias, porque lo que pasa en alguna parte del mundo te concierne: cada uno de nosotros es parte del mismo continente.
    Esa es un poco la significación del poema, y resume la relación que yo trataba de crear entre el espectador y esta familia. Esta familia no es una isla; lo que les pasa te concierne a ti, el espectador, porque perteneces al mismo mundo que ellos.
    Ese era el vínculo entre el poema y mi historia.

    Ningún hombre es una isla entera por sí mismo.

    Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.

    Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida,

    como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.

    Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta,

    porque me encuentro unido a toda la humanidad;

    por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.

    -John Donne (Trad.: W. Shand y A. Girri.)

    También te quería preguntar por los personajes, porque me parece muy interesante. Respecto a Mazen, sabemos al ver la historia que él es como una mala persona, pero por otro lado empatizas y puedes incluso entender por qué se comporta así. Me ha recordado a una tragedia griega, porque un acontecimiento inicial —la guerra de Siria— ha trastocado sus vidas.

    Has usado una palabra que para mí es una de las más importantes en nuestra época: empatía. Mazen, lo que ha conocido en su vida, va poco a poco abriendo en su corazón y en su vida un abismo.
    Es como si viéramos a alguien que está siendo absorbido por la violencia, el miedo, el terror, y se pregunta en su alma: “¿Cómo puedo proteger a mi familia?, ¿cómo puedo no transmitir todo lo que siento?”.

    Yo quería crear empatía hacia este personaje porque es la única manera de darnos cuenta de lo que es la guerra. La guerra no nos separa solo con fronteras o con el tiempo: es como una enfermedad, una maldición que se propaga. Y si no somos capaces de tener empatía por alguien como Masen, vamos a caer con él. Eso es lo que quería hacer con este personaje.

    Hay un dilema cuando se hacen películas sobre inmigración, guerras, refugiados, porque muchas veces se cae en el cliché. Te quería preguntar cómo has abordado o cómo se debería abordar este tipo de temas para no caer en eso.

    Claro, cuando escribes una película como esta, para mí era una enorme responsabilidad. Lo que está pasando por esta familia es una tragedia. Y la primera cosa que tenía en mi cabeza es que, al final, cuando hiciéramos esta película, debíamos mostrarla a la gente de Siria, no solo a otros lugares.

    La primera cosa que hice fue que, cuando terminé el primer guion, lo mandé a gente de Siria y a la actriz Rim Ali, a quien quería proponerle el papel de la mujer. La discusión que teníamos Rim y yo era sobre la autenticidad, la justeza, la verdad. No era solo una interpretación artística: era una manera de hablar de gente que está en Francia, de Siria, y qué pasó después de la guerra. Es un tema del que casi no hay películas.

    Entonces hicimos esta película como si fuera un archivo: debía ser auténtica. Pensábamos todo el tiempo no en “cómo actuar” o “cómo realizar”, sino en esas dos personas, como si fueran reales: quién es Masen, quién es Siwam. Tratamos de ser fieles a estos dos personajes y así evitamos el cliché.

    ¿Puedes recomendar algunas películas que sirvan para entender mejor la película y la cuestión siria?

    Es una buena pregunta. Voy a responder de otra manera: no es una película en particular. La gente debe saber que en los años 60 y 70 las películas sirias eran muy buenas. Si puedes buscar —hay algunas en Google— podrás descubrir la riqueza de la cultura e imaginación siria. Y cuando veas eso, te darás cuenta de lo que hemos perdido con lo que pasó en los últimos años en Siria.

    Y ya para terminar, ¿estás trabajando en otro proyecto?
    Tengo un largometraje y espero rodarlo en febrero. Es sobre una pareja — pero no son de Siria: hay un árabe y una chica de Francia, y tratan de tener un hijo con procreación médicamente asistida.
    La historia sigue su vida durante tres años y veremos lo que el niño que no llega les enseña a esta pareja.

    Entrevista completa:

  • Cinema Jazireh (2025): la transfiguración de la vida en un régimen totalitario

    Cinema Jazireh (2025): la transfiguración de la vida en un régimen totalitario

    Gözde Kural vuelve a hacer una película sobre Afganistán con Cinema Jazireh, una historia de una mujer que se viste de hombre para buscar a su hijo perdido

    ¿Podrías explicar de qué trata la película para las personas que aún no la han visto?

    La película trata sobre una madre cuyo hijo ha desaparecido. Ella empieza a buscarlo, pero en Afganistán es prácticamente imposible que una mujer viaje sola: es mortal moverse sin compañía masculina. Por eso, decide transformarse en hombre usando la barba de su marido. En el camino se encuentra con un niño y con un hombre que, a su vez, se ha transformado en una mujer. Básicamente, la idea principal gira en torno a estas transformaciones y búsquedas.

    Leí que, después de tus estudios, fuiste a vivir a Afganistán. ¿Es cierto? ¿Por qué fuiste allí?

    Fui para entender, para ver el mundo desde otro lugar. Era como un viaje de mochilera. No había una razón concreta, pero me adentré en la historia del país, leí mucho sobre Oriente Medio y Afganistán. Siempre me preguntaba qué estaba pasando allí, así que un día decidí ir a verlo con mis propios ojos.

    ¿Y cómo fue cuando llegaste? ¿Qué pensaste?

    Culturalmente, por la influencia musulmana, no me sorprendió tanto, pero después de tantos años de guerra puedes ver la destrucción física y también la destrucción moral.
    Llevan muchísimo tiempo luchando contra la pobreza. Es algo muy difícil de explicar. Recuerdo que, cuando llegué por primera vez, pasé dos días casi sin poder hablar. Era como estar en una ciudad fantasma, una ciudad marcada por la guerra. Y aun así, al mismo tiempo, Afganistán es un país hermoso: el sol, la luz, el clima…
    Son dos emociones contradictorias conviviendo.

    En 2016 hiciste una película ambientada en Afganistán, y ahora has hecho Cinema Jazireh. ¿Por qué quieres mostrar la situación del país a través del cine?

    Hay grandes directores afganos, y siempre hablamos de Afganistán con ellos. Pero después de lo que vi y lo que presencié allí, esas historias me atraparon. Yo fui con preguntas, pero luego Afganistán empezó a hacerme preguntas a mí:
    ¿Qué es la esperanza? ¿Qué significa vivir en una ciudad en guerra? ¿Qué es la infancia cuando hay destrucción?
    Al principio me resistí; dije “no más Afganistán”. Pero la historia te captura. Y por eso hice esta película. Aquí estamos.

    Vi tu biografía en Instagram y leí que escribiste:
    “Hago películas que no tienen sentido y no ganan dinero”.
    ¿Por qué?

    Porque en mi primer largometraje gané algo de dinero, pero el cine es duro. Escribí eso porque no hago películas para ganar dinero. Hago películas porque creo que las historias deben mostrarse, deben compartirse. Lucho por eso sin pensar en el dinero o en la lógica comercial. Ojalá me generen suficiente para hacer otra, claro… estoy bromeando… pero el sentido de lo que digo es ese.

    En Cinema Jazireh hay una atmósfera aislada, imágenes cerradas, casi asfixiantes, el formato es 4:3… Creo que esto genera sensación de ahogo y sobrecarga. ¿Por qué has decidido mostrar la historia de esta manera?

    Un día, leyendo un libro sobre Almodóvar —en realidad, una biografía escrita por Antonio Casals, El teorema de Almodóvar— encontré una frase:
    «Si miras algo durante el tiempo suficiente, dejas de odiarlo o de juzgarlo»

    Esa idea me atrapó. Con mi director de fotografía, Edip —que es muy talentoso— decidimos trabajar con la cámara como si fuese un ser vivo que observa, que mira durante mucho tiempo. La idea principal del estilo visual viene de ahí. Y el personaje principal, literalmente, no tiene rostro. Solo los niños que creen en monstruos pueden mirarlo durante unos segundos. Para los adultos, parece un monstruo. Y como adoro el cine de Almodóvar, siempre sueño con algún día actuar en una película suya.
    En la película, el protagonista imagina que, cuando Almodóvar lo descubra, por fin podrá expresarse ante la cámara… algo muy difícil para alguien sin rostro. La idea comenzó ahí.

    El otro día mencionaste también tu relación con Las mil y una noches, la forma de contar algo oscuro.

    Sí. Muchas de esas historias son oscuras, pero se leen como cuentos. Y no lo son. Hablan de la vida real. No soy pesimista, intento ser realista. Un crítico describió la película como “un cuento oscuro”, y creo que tiene sentido: por el movimiento de cámara, los colores, las sombras… pero detrás de todo eso hay algo terrible ocurriendo.

    Me gustó mucho cómo retratas a los personajes, sin caer en clichés, y cómo muestras Oriente de una forma distinta a la de Hollywood.

    Sí, porque nuestro cerebro tiende a marginar lo que percibe como ajeno. Pero cuando un personaje se parece a ti, la empatía aparece inmediatamente.
    Además, Afganistán es una cultura muy mezclada: hay personas con ojos azules, rubias, morenas… todo tipo de fenotipos.
    Turquía también es así, muy diverso. Por eso prefiero usar personajes que se parezcan a cada uno de nosotros”.

    Y algo que me pareció muy interesante. Al principio, cuando conocemos a los jefes de Cinema Yesterday (lugar clandestino al que da nombre la película), parecen personas normales: les gusta el cine, la música, la cámara, los videojuegos… como a mí. Pero en realidad son monstruos.

    Exacto, como en la vida real. Piensa en algunas de las peores personas que vemos en la televisión: tienen hijos, ven películas románticas, escuchan música… pero al mismo tiempo cometen atrocidades. Eso me interesa: esa dualidad monstruosa.

    También hablas de cómo los significados cambian en una sociedad totalitaria. Como las palabras “hombre” y “mujer”.

    Sí. Por ejemplo, piensa en la palabra “justicia”: quien tiene poder la usa para sí mismo, no para el público. El significado cambia.
    Lo mismo ocurre con “madre”: ya no es madre cuando está luchando por sobrevivir. Las escuelas están vacías, las calles sin color, sin mujeres ni niños, y aun así hay música, hay cine.
    Todo está corrompido y los significados se transforman.

    Y ya para terminar, ¿por qué crees que sigue siendo importante hablar de Afganistán?

    Porque no se trata solo de Afganistán. Las mujeres y los niños viven un infierno: pobreza extrema, mortalidad infantil altísima, falta de comida y agua, prohibición de educación primaria para niñas… Y también por la idea de esperanza. El mundo está volviéndose loco: guerras, crisis, pandemias… cada día algo nuevo. Pero incluso si parece imposible, debemos seguir adelante. La esperanza debe continuar. Y eso intenta Cinema Jazireh.

    Gracias por todo, fue súper interesante.

    Gracias a ti.

    Entrevista completa:

  • Pieces of a foreign life (2025): Los fantasmas de la guerra tras el exilio

    Pieces of a foreign life (2025): Los fantasmas de la guerra tras el exilio

    Gaya Jiji gana la Palmera de Plata con Pieces of a foreign life, sobre una refugiada siria que trata de reconstruir su vida en Francia

    En primer lugar, para la gente que no ha visto la película, ¿puedes explicar un poco de qué se trata?

    La película habla de Selma, es una mujer que cruza el mar y Europa para llegar a Francia durante la guerra en Siria, dejando atrás a un hijo de 7 años y a un esposo que desapareció en la guerra de Bashar al-Ásad.

    Al llegar a Francia comienza su lucha por conseguir los papeles para poder quedarse, y conoce a Jérôme, un abogado que la ayuda a tener sus papeles. Un amor nace, una historia de amor que va a nacer entre estas dos personas, que entregarán sus vidas a dos en cuestión.
    Así que es la película de la lucha de una mujer para obtener el derecho de asilo, pero también la lucha de una mujer para estar enamorada.

    Y también vi tu última película, My Favourite Fabric, me encanta por cierto. Habla de la joven inocente justo antes de la guerra civil siria. Y esta nueva trata de una mujer adulta y madura, ya después de toda la guerra. Quería preguntarte si es una especie de continuidad de la última película.

    Sí, exactamente, eso es cierto. En realidad, para mí el personaje de mi primera película era alguien que buscaba su liberación sexual. Fue al comienzo de la guerra en Siria y cómo esta liberación puede convertirse en un acto político en un momento dado.
    Y al final de Mi tela favorita vemos al personaje principal que se despide un poco de la ciudad de Siria, y para mí sí, continúa un poco ese camino: finalmente se va, cruza el mar y se instala en un nuevo país para tener una nueva vida.

    El nombre original de la película en Francia es L‘Étrangère (La extranjera), y creo que la película muestra esta idea a la perfección. Sobre cómo tratar de reconstruir la identidad de la persona. Hoy en día hay mucha gente que tiene que migrar, ¿cómo crees que tu película y el cine en general pueden ser algún tipo de ayuda para la gente que lo mira, o quizás algún tipo de terapia?

    Bueno, sí. Primero que nada, espero que esta película, para personas que ya están convencidas, les permita ver más claramente cómo es la vida de un exilio. Cómo es luchar todos los días para mantenerse vivo por dentro, no solo físicamente.
    Y espero que, incluso si es difícil, también pueda hablar a personas poco convencidas, decirles que estas personas arriesgan su vida para llegar. No lo hacen solo para recibir asistencia social; lo hacen porque están en peligro en su país. Hacen un viaje muy muy peligroso. Y al llegar a esta nueva tierra, con la historia que traen, pueden hacer avanzar a otros que ya viven aquí.

    Finalmente, todos en la película —la pareja que se crea entre Selma y el abogado— crecen. Avanzan a través de la historia del otro. Incluso si una historia es menos trágica que la otra, para mí estas dos personas vienen de orígenes muy diferentes, de países diferentes, vidas diferentes, pero trayendo la historia de uno al otro avanzan juntos.

    Así que creo que siempre podemos aprender algo de la historia de alguien que vino de otra parte.

    También encontré algo muy interesante en la película, respecto a cómo se habla de la regulación de Dublín, la burocracia del proceso para un refugiado o un inmigrante…Creo que es muy difícil traducir un ser humano, una dignidad o una experiencia, en algo burocrático. ¿cómo querías expresar esta idea?

    Sí, quería hablar de esta cuestión que me pareció un poco absurda. Hay un tipo de absurdo dentro.
    Yo no entendía realmente este procedimiento de la Unión Europea, porque algunos países del oeste abrieron sus puertas a inmigrantes, y al mismo tiempo otros países que ellos debían cruzar —como Hungría, Bulgaria, países de los Balcanes— los detenían y los maltrataban.

    De acuerdo con el procedimiento, tenían que dejar sus huellas allí, porque era el primer país por el que cruzaron o donde fueron arrestados, cuando esos países no querían inmigrantes en absoluto.

    Y este procedimiento hacía muy complicado obtener papeles luego en países como Alemania, Francia, España o los países escandinavos.

    Así que no entendí cómo la Unión Europea no puede tener un procedimiento común cuando hay países que maltratan inmigrantes y les obligan a dejar las huellas, incluso poniéndolos en prisión. Después, como dejaron las huellas allí, no pueden solicitar asilo en otro país. Me pareció como algo totalmente absurdo. Por eso quería hablar de esto.

    Y en un momento, la heroína de la película se corta los dedos porque no encuentra otra solución. Muchos inmigrantes hacen esto: investigué y hay quienes se queman con ácido para esconder sus huellas. Es un intento de ocultar la identidad para obtener papeles. Me pareció completamente absurdo.

    En las dos películas vi algo así como una “mirada especial” tuya. No sé si por los personajes femeninos, sus personalidades, o la forma en que hablas de la pasión, del amor, del pasado. ¿Cómo describirías tu cine?

    Sí, en primer lugar es cierto que en las dos películas el personaje principal es una mujer. No es que solo quiera hablar de mujeres, sino que la causa de las mujeres es algo que realmente me impulsa a hacer cine.

    En las dos películas, a pesar de la diferencia en la historia, es la historia de una liberación y emancipación de una mujer.
    Y para mí, siempre, en mi cine, no quiero tratar las cosas de manera frontal —ni el conflicto sirio, ni la guerra, ni el exilio— sino tratarlas desde la intimidad: el silencio, las miradas, los sentimientos, la sensualidad. Vincular las pequeñas historias con las grandes historias.

    Y relacionado con esto, ¿podrías decirme algo de tu inspiración cinematográfica?

    Bueno, para My Favourite Fabric sí estaba muy influenciado por Belle de jour, era un poco mi referencia.
    Para Pieces of a foreign life admito que no tenía una verdadera referencia. Siempre hay películas que inspiran: por ejemplo, la película de Fatih Akin, The Edge of Heaven . Es muy diferente, pero habla sobre qué significa ser un extranjero, cómo cruzando al otro lado puedes finalmente encontrarte a ti mismo.
    Así que podría decir que esa película me impactó y me inspiró, incluso siendo muy distinta a la mía.

    ¿Estás trabajando en otro proyecto?

    Sí, pero todavía es el comienzo. Quiero que la tercera película sea parte de esta trilogía.
    En la primera película fue la guerra; en la segunda, el exilio; y en la tercera es el regreso a la infancia: la Siria de los años 80.
    Qué significa crecer bajo una dictadura, querer ser artista en un periodo marcado por grandes cambios internacionales, como el final de la Guerra Fría. Cómo vive un niño todo esto, cómo logra preservar sus sueños naciendo y creciendo en una dictadura. Esto es solo el comienzo.

    Muchas gracias.

    Gracias, gracias a ti.

  • Aisha can’t fly away (2025): Un retrato crudo y humano de la persona migrante

    Aisha can’t fly away (2025): Un retrato crudo y humano de la persona migrante

    Murad Mustafa triunfa en su primer largometraje: es nominado a Un Certain Regard y gana la Palmera de Oro de la Mostra de 2025

    No es la primera vez que Murad habla de una migrante sudanesa en su cine. En su primer cortometraje Ward’s Henna Party (2020) contó la historia de una madre soltera pintora de henna, y en 2023 en I Promise You Paradise a través del drama de un adolescente sudanés. Ambas películas cuentan con un estilo único y arriesgado, pero para nada comparable con su nuevo largometraje.

    La crítica Aisha can’t fly away ha sido muy dispar, algunos han opinado que es pretenciosa, lenta, o incluso aburrida. Mientras que otros, que han entrado en el juego de Murad, les ha parecido una maravilla. Puede parecer mundana o banal, excepto por las pinceladas de realismo mágico, pero es que la vida de una persona migrante es así. Chantal Akerman expuso la rutina de la mujer en Jeanne Dielman, 23 Commerce Quay, 1080 Bruxelles (1975), Murad Mustafa ha hecho algo parecido siguiendo el día a día de Aisha. Esta es una mujer sometida a la angustia de sus obligaciones y sus circunstancias. Esta sensación se transmite a través de esos planos largos y reflexivos, que con una fotografía excelente, hacen del espectador un testigo de la vida del migrante que quiere ganarse la vida. Además la historia cuestiona al espectador, las cosas no están claras, no son ni blancas ni negras, sino más bien grises, como la vida misma. Estas son algunas de las razones por las que esta película estuvo nominada a Un Certain Regard y ha ganado la Palmera de Oro de La Mostra 2025, y hacen de Murad Mustafa un director con un grandísimo talento.

    Entrevista al director Murad Mustafa y a la productora Sawsan Yusuf durante La Mostra 2025:

    Para comenzar, ¿podríais explicar brevemente de qué trata la película para quienes aún no la han visto?

    Murad Mustafa: La película trata sobre Aisha, una mujer migrante africana de 25 años. Vive en el barrio de Ain-Shams y trabaja ofreciendo atención médica a personas mayores, visitando cada día distintas casas. Aisha está atrapada en una relación con un chico egipcio y, además, se ve involucrada con un gánster que controla el vecindario. Se encuentra en medio de este triángulo: la presión de su entorno, su trabajo, sus pesadillas y su relación.
    Durante todo este proceso empieza a tener sueños inquietantes y aparece para ella un avestruz imaginario. Poco a poco, la película se sumerge en el realismo mágico.

    Has hecho cuatro cortometrajes y este es tu primer largometraje. En tus obras suelen aparecer como protagonistas mujeres, madres solteras o inmigrantes sudanesas. ¿Por qué te interesan estos temas?

    Murad Mustafa : Soy hijo único y me crio solo mi madre. Siempre estuve muy ligado a las historias que ella me contaba y aprendí a ver el mundo a través de sus ojos. Por eso conecto con este tipo de personajes y continúo trabajando con historias relacionadas con ella.

    Me gusta mucho el personaje de Aisha. Creo que no la victimizas ni caes en clichés: es fuerte y compleja. ¿Dónde encontraste la inspiración para crearla y cómo la describirías?

    Murad Mustafa: Quería continuar lo que había empezado en mis cortos sobre personajes migrantes africanos. La inspiración llegó cuando vi a una niña migrante africana en un autobús de El Cairo: dormía profundamente y, de repente, despertó gritando y llorando. Desde entonces empecé a pensar en Aisha, en sus sueños, sus pesadillas y su vida en la ciudad.

    Sawsan Yusuf: Aisha es muy silenciosa, pero por dentro lleva una gran multitud de emociones. Lo guarda todo hasta que llega un momento en el que ya no puede más, y eso se manifiesta en sus pesadillas y en la aparición del avestruz imaginario.
    Es un personaje fuerte, pero no es ni “blanca” ni “negra”: tiene matices, puede ser muy buena y también muy dura. A veces es usada por la gente, pero también puede usarlos a ellos.
    Murad insistió desde el principio en que no fuese un personaje pasivo o débil, porque eso le quitaría su narrativa. Aisha, en una palabra, es una luchadora.

    En la película no hay mucho diálogo, pero las imágenes hablan por sí solas. ¿Por qué decidiste contar la historia de esa manera?

    Murad Mustafa: Creo que en el cine “menos es más”. Si hay menos diálogo, la imagen adquiere más fuerza en pantalla. Me encanta narrar visualmente: no a través del diálogo, sino de las emociones que transmiten las imágenes. Ya había trabajado así en mis cortos y quise continuar en mi primer largometraje.

    ¿Podrías hablarme de tus influencias cinematográficas?

    Murad Mustafa:
    Por supuesto. Me inspira mucho Youssef Chahine, uno de los directores más importantes de Egipto y del mundo árabe.
    A nivel internacional admiro a los hermanos Dardenne, a Pedro Costa —especialmente por su manera de retratar a los migrantes en Portugal y su tratamiento del color— y también a Lars von Trier.

    Para terminar, ¿estás trabajando en un nuevo proyecto?

    Murad Mustafa: Sí, estamos comenzando un nuevo proyecto titulado Animals, también dentro del género. Lo presentamos este año en Lacarno, hace apenas un mes.

  • Dr.Strangelove (1964): El extraño amor por la guerra

    Dr.Strangelove (1964): El extraño amor por la guerra

    Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb o ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (versión traducida) es una de las mejores películas políticas de la historia. No ganó el Oscar ese año, sino que lo hizo una superproducción hollywoodiense de un musical (My Fair Lady, 1964), un ejemplo claro de que el escapismo siempre estuvo por encima de un cine crítico y reflexivo. Kubrick sabía esto y por ello siempre fue ajeno a la academia y su aparato mediático, le importó hacer buen cine, el mejor posible, y serían sus películas las que hablarían por él

    En octubre de 1962 se producía uno de los momentos más tensos de la Guerra Fría: la Crisis de los Misiles de Cuba. La amenaza nuclear era constante, y era usada como arma política entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Kubrick quiso retratar este sinsentido, y la única forma de hacerlo era a través de la comedia y la sátira. Nadie es capaz de comprender el daño que puede hacer una bomba nuclear, nuestra capacidad de imaginación tiene límites, y la destrucción que lleva esta es abismal. Aún así, unos políticos jugaban con ella desde sus despachos, y alentaban en la población el miedo hacia el enemigo. El estadounidense capitalista odiaba con toda su alma al ruso comunista, y viceversa. Lo que hace Kubrick es llevar esta realidad hasta la exageración, así es como logra hacer visible el trasfondo real de lo que estaba ocurriendo y conseguir advertir de lo que podía ocurrir.

    La trama comienza cuando un general estadounidense, Jack D.Ripper (referencia a Jack el destripador), decide lanzar una orden de ataque nuclear contra la URSS. Estaba obsesionado con una conspiración comunista para contaminar los “fluidos corporales” de los estadounidenses. Mientras, en el Pentágono, el presidente Merkin Muffley (referencia al sexo femenino), el general Buck Turgidson (referencia a la masculinidad), y el doctor Strangelove (amor extraño) discuten sobre cómo frenar el ataque. Además ha surgido un nuevo problema, pues la URSS ha construido la “máquina del Juicio Final”, un sistema automático que, en el caso de recibir un ataque nuclear, responde con muchos más ataques iguales provocando de esta manera el fin del mundo.

    En este ambiente bélico está muy presente el lenguaje orwelliano de la contradicción como “la guerra es la paz”. En la película se observa a través de un cartel en la base militar que pone “Peace is our profession”; o en la contraseña del general Turgidson para desactivar la orden, la cual es “POE”, y hay dudas si es “Power of essence” o “Peace on earth”. Esto es algo absurdo, incluso satírico (de ahí la decisión de Kubrick) pero en realidad es la base de la diplomacia del siglo XX y, sobre todo, de la actualidad.( Para evitar futuras guerras hemos decidido que la única solución es invertir más dinero en armamento, y hay un generalizado consenso ante ello).

    Dr.Strangelove significa “Amor extraño”, haciendo referencia a la tendencia del ser humano hacia el conflicto y el enfrentamiento. Esto se encarna en personajes como Jack D Ripper, Turgidson y obviamente, el propio Dr.Strangelove. Estos dos primeros evocan la idea de la disciplina, el coraje, el sacrificio, etc. de un punto de vista tradicional, al que relacionamos con la “masculinidad”. En cambio, el presidente Merkin Muffley es todo lo contrario, este es mucho más racional, moderado, bienintencionado… pero es impotente ante el caos que le rodea; representaría la “feminidad”. Aquí se encuentran dos contrastes que están presentes en la política. Los primeros manifiestan el poder sin control civil (Turgidson) o la lógica instrumentalista y banal de la guerra (Jack D Ripper); en cambio Merkin Muffley es la cara de una diplomacia basada en la justicia y el bien común. Por último, el Dr.Strangelove retrata la presencia de una inclinación por una supremacía racial, que ha irrumpido en la política y que continúa desde el nazismo (este personaje es alemán y a final de la película se le escapan saludos nazis), como se da en el caso de la deshumanización ante el enemigo, el otro, el que es inferior.

    A estos dos tipos de visiones y comportamientos debe añadirse un tercer factor: la técnica. Aquí esta se concreta en la bomba nuclear. Las dos posiciones se enfrentan ante una posible guerra nuclear y actúan de una determinada forma. El problema es que están jugando con eso mismo: una bomba nuclear. El filósofo y antropólogo alemán Günther Anders explica en su obra “La obsolescencia del hombre” como esta no puede considerarse como un medio, sino que es un fin en sí mismo. Es decir, lo que puede desembocar es tan abismal que ya es por sí misma un caso aislado, para nada puede entenderse como un medio político disuasorio o bélico. Este autor continúa explicando que tras el avance de la técnica se ha producido una ruptura en su comprensión, a esto lo llamará “desnivel prometeico”. Nosotros como individuos somos capaces de comprender y empatizar con la muerte de un determinado número de personas, pero cuando este número se convierte en miles, decenas de miles, o cientos de miles de personas, en realidad, no sentimos nada, no somos capaces de comprenderlo. Esta problemática se observa claramente al final, cuando el general Turgidson le quita importancia al asunto diciendo que morirían “solo unas 20 millones de personas si se actúa rápido» ; o cuando el presidente de Estados Unidos y el de la URSS discuten como si fueran una pareja sobre quién de los dos sentía más lo que estaba pasando. Este ambiente cómico realza la impotencia ante la incomprensión de las consecuencias reales. Al principio de los 60’s ocurría esto mismo bajo las premisas de “defenderse contra el enemigo” ante la supuesta “amenaza comunista”. Este enfrentamiento entre dos naciones imperialistas con dos modelos antagónicos estaba tanteando, literalmente, con la absoluta destrucción. Y esta posibilidad se había generalizado en toda la población, sin ser realmente conscientes del verdadero final. Lo que hace Kubrick con esta película es advertir y destapar la realidad de ese momento histórico.

    Como se ha dicho al inicio, esta es una de las mejores películas políticas de la historia. Una de las razones es que consigue desentrañar a la perfección los síntomas de un momento histórico particular (la guerra fría) y también universal (la modernidad). Es una película que se puede ver hoy en día y extrapolar a la actualidad, es decir, es atemporal. Seguimos teniendo a los generales Turgidson y Jack D Ripper, encarnados en políticos como Trump, Putin, Netanyahu o Milei. O a Dres.Strangelove, obsesionados con la técnica y partidarios de un suprematismo, como Elon Musk. Y un tipo de diplomacia racional y justa, pero a la vez inútil e impotente, como la de Merkin Muffley reencarnada en instituciones como la ONU. Cada vez avanzamos más en cuestiones como la técnica (armamento militar, inteligencia artificial) pero nos estancamos o incluso retrocedemos en cuestiones diplomáticas, morales o políticas. Nunca habíamos estado en un mundo tan tecnológico y a la vez tan ignorante, y es gracias a películas como esta que podemos concienciarnos ante este desafío.